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EDITORIALES

Anudar el hallazgo


La historia del día en la palabra de hoy:


La palabra de ayer, la perdida, la del miedo, la excusa
La del mañana, con incógnita, magia e incertidumbre
Y una sola palabra con intensidad, anudar y vivir el hoy.


Siempre ahora.








(Iniciamos 366 historias)
08 de enero 2015

martes, 8 de septiembre de 2015

Twitter es el mundo de Alicia








Twitter es el mundo de Alicia 










Comentando el fragmento Pérdidas del libro Maridos de Angeles Mastretta se arrastró el estradiol hasta mi conversación, yo, que siempre pensé que asomarse era un acto ocioso. 
Leer, preguntar y escuchar nos enseña a no juzgar. 


Un hombre que puede ser cualquiera, me dijo menopausica, y, aunque nunca me lo habían dicho, dos o tres gotas regulares me salvan de la condición y no porque le tema, menos porque me avergüence, ni por la edad que no alcanza a preocuparme ni es suceso suficiente que amerite esconder, me tomó por sorpresa porque simplemente no lo soy, porque el ginecólogo que no quiere ajustar la vida y prefiere alargar los ciclos que nada dicen de los principios y los finales.


Y recordé a Susana Alexander: Bendita menopausia que nos libera de andar cuidando próstatas. 


Mientras a ellos cuando los alcanza la edad o la condición, que no es cosa de números ni de tiempo tampoco, se vuelven curiosos y de chiflido, acuden a cualquier llamado.

En realidad es la segunda mitad de la vida, la mejor, donde sabemos y queremos hacer de todo momento el mejor, sin necesitar irnos para aprender a regresar. 


Mi cuenta es pública y mi vida es privada, con fragmentos que podemos compartir,  no me molesta las opiniones pero si me disgustan las imposiciones, mas cuando en treinta años observo los mismos comentarios sin variar. 


Hoy, me arroba y leo que niega trascendencia y belleza a quienes encuentran formas de vida sin el ancla de los hijos y me recomienda adoptar niños, por la cantidad de ellos que existen en el mundo con carencias de todo tipo.

¿Por qué haría yo semejante tontería? 


Sí decidí que toda la vida sería mía; y la respuesta está inmersa en la recomendación sin sentido, y sobran niños abandonados porque la condición primordial: Es desear un hijo. 


Jamás sentí el llamado de la maternidad y lo vengo explicando desde los ocho años que le confesé a mi mamá por primera vez, no tendría niños.


No sean machos, ni evidencien sus agonías, que cada quien es libre de trascender según sus sueños, y no es obligación dedicarse a procrear. 


No creo que la divinidad dependa de una maternidad, porque yo trasciendo construyendo  sueños con los ojos abierto y me realizo hasta con los ojos cerrados.


Creo en contagiar vida cuando coincido en el silencio y no necesito la palabra para a hacer un corazón latir. 


Soy divina, y punto.




Balaustre:
No hay día sin reflexión