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EDITORIALES

Anudar el hallazgo


La historia del día en la palabra de hoy:


La palabra de ayer, la perdida, la del miedo, la excusa
La del mañana, con incógnita, magia e incertidumbre
Y una sola palabra con intensidad, anudar y vivir el hoy.


Siempre ahora.








(Iniciamos 366 historias)
08 de enero 2015

domingo, 1 de mayo de 2011

Pergamino de solitarios (Con audio)


Pergamino de solitarios








Pergamino de solitarios







Perdido y olvidado en la esquina de una habitación se encontraba un calcetín con rayas multicolor sin par, sin dueño, sin zapato a quien acompañar, no tenía pertenencia y sus días carecían de sentido, las noches lo llenaban de oscuridad y la tristeza lo vencían para quedarse dormido, realmente era su descanso porque en sus sueños... encontraba olvido y serenidad a su desdicha.

Pero a cada noche le acompañaba un despertar.

—¿Dónde quedaría mi par? A nadie le interesa mi presencia, todo porque debo estar integrado a un par, no me dan valor individual, podrían buscarme un cal- cetín a fin a mí, debe existir vida feliz para 
un calcetín solo.


A medias de una noche cualquiera despertó sin sueño ni esperanza ninguna por el futuro.

—¡Qué raro! Lo que me hacía falta estar perdido en la oscuridad. ¿Quién eres tú?

—Me llamo zapato y ya no sirvo, llevo tiempo rodando y aparecí aquí. 

¿Tú podrías decirme dónde estoy? 
¿Aquí vives tú?

—Me llamo calcetín, te encuentras en una habi- tación que no sucede nada, los días y las noches son iguales y no recuerdo desde cuando llegué, podría decirse que vivo en éste lugar, hace tiempo no me mueven, antes vivía en compartimento dentro de un closet del cual me botaron sin que haya podido descubrir el porqué.

Zapato: Yo siempre compartí habitación vivíamos las agujetas y mi par, en un conjunto zapacional, nos identificaba el uso, por lo demás éramos completamente distintos en colores, altura y estilos.

Calcetín: ¿Porque te dejaron de utilizar?

Zapato: Un día me descubrieron un agujero en la planta, dejé de ser útil para después olvidarme y votarme aquí, supongo.

Calcetín: Pero yo no tengo agujero ¿Por qué me dejaron aquí?

Zapato: ¿Tú también vivías con alguien? 



Calcetín: Si. Yo tenía mi par.


Zapato: ¿Dónde está tu par?



Calcetín: No lo sé, una mañana desperté solo, sin par. Y yo no tengo agujeros ¿verdad?

Zapato: No. No tienes. Quizás tu par si tenía

Calcetín: No lo sé, no recuerdo, pero aún así no entiendo ¿Por qué separarnos? Se supone que uno es par y juntos podemos resolver la incapacidad del compañero y permanecer solidarios, compartiendo, lo merecemos por el servicio prestado en el tiempo, no me parece que nos usen y nos tiren sin pensar en nosotros, ni tomarnos en cuenta.

No hay soledades e injusticias que puedan existir a la negación, a la actitud de ser feliz, de no conformarse, calcetín y zapato se estaban comunicando y conociendo lo esencial para unirse, con aceptación y apoyo toda buena idea puede florecer.

Zapato: Totalmente de acuerdo contigo. 

Calcetín: ¿Pero qué hacemos?

Estrepitosamente se abre la puerta de la habitación interrumpiéndose abruptamente la charla de calcetín y zapato, escuchándose en el silencio sollozos.

Zapato: ¿Quién eres?

Calcetín: ¿Qué te sucede? ¿Te podemos ayudar? 

Me llamo solitario y estoy cansado de estar triste y solo

Zapato: ¿Por qué estás triste Solitario?

Solitario: Porque no tengo hermanos, no tengo con quien jugar, tampoco hablar y con los adultos no me entiendo.

Calcetín: Solitario ¿no tienes par?

Solitario: ahhhhhh ustedes le llaman par a su compañía, no. Yo no tengo par, yo debería tener hermanos.

Zapato: Calcetín y yo podemos ser tus amigos si deseas, estamos solitos como tú.

Solitario: ¿ustedes no se irán?


Calcetín: ¡prometido!



Solitario: No me gustan las promesas, el cariño y la firme intención son suficientes cuando el corazón es sincero. 
¿Dónde está el par de ustedes?



Calcetín y Zapato: Al unísono: —¡no sabemos!

Solitario: ¿Qué hacen para acostumbrarse a la ausencia de su par?

Zapato: No te entiendo Solitario

Calcetín: Yo tampoco, ¿Tu qué haces sin herma- nos?

Solitario: Escribir libera el dolor para quedarnos con recuerdos y fantasías o sueños que nos acompañan y ayudan a superar ausencias. 


Mi par no existe, pero el de ustedes si, sólo que los separaron, se me ocurre: 

Unirnos y emprender la búsqueda, así no estarán solitos cuando yo no pueda visitarlos.


Zapato: ¿Es posible encontrar a mi par? ¡Sería maravilloso!

Calcetín: si, yo quiero a mi par, ¡aunque tenga un agujero!


Solitario: sí, los entiendo, por qué separarlos de su par, después del servicio que proporcionaron, deberían dejarlos descansar en compañía, desecharlos y separarlos es sumamente cruel; 
“¿podemos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos?” (1)


Bulliciosamente Solitario abandonó la habitación.

Zapato: Ya extraño a Solitario ¿y si nos olvida?

Calcetín: No lo creo, habló de un corazón sincero y también preguntó si nosotros no nos iríamos ¿Recuerdas? 

A Solitario le duele que los demás se vayan; él volverá.


Solitario alejado de la habitación de los telebrejos entraba y salía de las habitaciones revoloteando cajones y puertas en closet y lugares de guardar.

Solitario: ¿Dónde pueda estar el calcetín? 

¡En la bolsa negra que olvidé revisar!

Solitario abrió lentamente la puerta de los telebrejos e introdujo con su mano, antes de cerrar la puerta nuevamente escucha una algarabía que le llenó de júbilo el corazón por regalarle felicidad a dos soledades.


Solitario: En las venas abocadas, néctar de mis alas libres, vida acompañada de fantasía y libertad.


Cada noche la luna, sin hablar se comunica con luminosidad, se esconde perversa y voluntariosamente provoca sonrisas que contempla por la ventana de la habitación de los telebrejos, dónde Solitario se acompaña con Calcetín y Zapato rodeados de su par, permanecen irradiando la felicidad que se alcanza con decisión y valentía cuando confías y compartes. 

La soledad vencida se alejó.



(1) Eduardo Galeano