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EDITORIALES

Anudar el hallazgo


La historia del día en la palabra de hoy:


La palabra de ayer, la perdida, la del miedo, la excusa
La del mañana, con incógnita, magia e incertidumbre
Y una sola palabra con intensidad, anudar y vivir el hoy.


Siempre ahora.








(Iniciamos 366 historias)
08 de enero 2015

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La aldea de los olvidos

SDPnoticias.com


YOLANDA VALENZUELA
@yovaro
2011-11-10



Existe una aldea con seres olvidados, nadie los necesita, ya no  acuden a ellos en búsqueda de diversión y entretenimiento, su esencia de vida fue arrebatada por el tiempo, quienes convivieron con ellos olvidaron la magia, júbilo y animosidad que los caracteriza.  


La niñez y juventud actual difícilmente los conocen,  no han escuchado hablar de ellos y pensar que pueden encargarles sus horas de diversión resulta imposible.


Derruido el brinca brinca, con  movimientos torpes se hace girar para escuchar sus propios ruidos, el eco le hace advertir con  tristeza, que solo no puede recobrarse.


El trompo con la punta de acero estropeada difícilmente mantiene el equilibrio casi artístico que alguna vez preservó, lo que bien se aprende nunca se olvida  pero descubre que, toda destreza y habilidad se pierde cuando falta un motivo.


El balero apenas convive con sus compañeros de época, siempre dependió de la presunción y la maña, sus habilidades siempre fueron pocas, de naturaleza noble pero carente de  independencia y  personalidad propia,  cediendo siempre la majestuosidad a quien le demostrara paciencia, dedicación y gusto. La vivacidad la originaba quien lo acogiera con intención de compartirlo en la sociedad del bullicio.


La raqueta violenta desde su origen, solloza en el final de sus días, la grapa sostenía la liga de donde pendía el balón pequeño para golpearla  sin desfallecer, ahora se dedican miradas con resentimiento y hastío, la ociosidad destrozó la armoniosa convivencia, la queja acabó con la tolerancia, y el respeto se esfumó con los silencios que gritan miedo cuando la muerte ronda, con resignación  se acompañan en la soledad que genera tedio y  el  abandono  les agrietó la esencia.


Nadie  extraña a la pirinola porqué  tomó todo y se fue.  El ula ula y el yoyo recuerdan con mucho cariño los trazos del stop (declaro la guerra contra mí peor enemigo ¿Qué es?)  no los acompaña más, el tiempo y la falta de memoria desdibujan lo que detalla y perfila un sentimiento.


La resortera confía en el sueño que fortalece y resarce, cada noche espera que la fuerza de cada amanecer la repare y despierte adoptada en algún hogar que se respire aprecio y armonía.


Unas letras brincando desparpajadamente son las mudas de la aldea, que juntas y ordenadamente expresaran te quiero,  se perdió el concepto  por no decirlas quizás ò no sentirlas pudiera ser, nada sobrevive en  la indiferencia y el olvido.


La provocación también se está muriendo en ésta aldea, un porqué y él para quién están extraviados en el egoísmo.  Nada es perpetuo, las tendencias marcan épocas, preferencias, que llenan de nostalgia los recuerdos  desgastados,  y se convierten en olvido sin posibilidad.


El tiempo nunca se acaba y siempre es  momento para  reivindicar recuerdos y  establecer acuerdos con Santa Claus y Reyes Magos, quizás ellos puedan con su magia  compensar, conciliando la  fantasía y  la realidad.


El  recuerdo y la añoranza no tienen precio y regalar un juguete olvidado en las próximas celebraciones Decembrinas, puede ser el agregado  que haga la diferencia.





P.D  El hombre, desde que nace hasta que muere, es una máquina de romper juguetes. Amado Nervo