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EDITORIALES

Anudar el hallazgo


La historia del día en la palabra de hoy:


La palabra de ayer, la perdida, la del miedo, la excusa
La del mañana, con incógnita, magia e incertidumbre
Y una sola palabra con intensidad, anudar y vivir el hoy.


Siempre ahora.








(Iniciamos 366 historias)
08 de enero 2015

viernes, 29 de octubre de 2010

La ùltima morada

Todas las sociedades organizan ceremonias para conmemorar, celebrar o despedir personas y situaciones, la vida y la muerte como todo lo que concierne al cuerpo son, en la universalidad de las sociedades humanas, objetos de ceremonia, en nuestro País la celebración para muertos inicia el día 1 conmemorando a todos los santos y continua hasta el 2 de noviembre con la celebración de los fieles difuntos.


La celebración de muertos ha sido tradicionalmente una fiesta exclusivamente religiosa e íntima en la que se recuerda a los seres queridos muertos, ceremonia solemne que incluye pocos detalles lúdicos, en otros países dan a la fecha un carácter mucho más festivo y más cargado de contenido ritual.

La actividad ritual suele desarrollarse en los momentos transcendentales de mutación de la existencia individual o colectiva y nace de nuestras propias emociones; ritualidad consiste en traducir las emociones en un relato, se asocia al mito, como relato simbólico, una forma de repetición práctica del contenido mítico frente a la muerte, el mito narra el viaje del alma después del óbito, convirtiéndose el mito en parte integrante del rito como fórmula de expresión verbal del pensamiento.

El rito, en su sentido amplio, es una unidad simbólica de expresión, definida culturalmente por los miembros de una sociedad que designa actos o sucesión de actos no instintivos que no pueden explicarse racionalmente como medios para obtener un fin, posturas, actitudes e intercambios verbales constituyen una fórmula de comunicación pautada culturalmente por la tradición que se desencadena en un espacio y tiempo limitados.

En el ritual funerario, en discurso manifiesto, los símbolos que lo definen y estructuran tienen como finalidad guiar al difunto, prepararlo y disponerlo para su destino definitivo, no obstante, su finalidad es otra porque el ritual sirve para controlar lo aleatorio, lo episódico y para apaciguar la angustia que nos produce el cadáver y la idea de la muerte, es el referencial, el signo al que se le atribuyen significados que ayudan a sustentar las creencias en torno a la vida como su desaparición, es la reedificación de la muerte, moviliza las relaciones sociales e incrementa la interacción grupal que se activa marcando las pautas de acomodación que restablecerán el orden perdido.

En nuestra sociedad el procedimiento ritual ha ido perdiendo su eficacia aunque, en términos generales, se sigue manteniendo inamovible su estructura, en sociedades tradicionales, el individuo no es nada fuera del grupo social que lo estructura y se encarga de él, la muerte no es percibida como un mal supremo ni como el escándalo por excelencia, se reduce a una pérdida fragmentada y provisional, para paliar su impacto, que no es más que un accidente de trámite para el grupo, los ritos de gran complejidad expresan la solidaridad entre los vivos y los difuntos porque regulan el luto -las señales de dolor- asegurando el status del difunto para que una vez integrado en el mundo de los ancestros participe de la continuidad del grupo.

La visita a los cementerios se realiza el 1 de noviembre. Si el óbito se ha producido recientemente, la estancia de los familiares en el camposanto será más larga, su número será mayor y las oraciones dedicadas a los muertos más prolongadas, en cualquier caso, no puede decirse que sea un hábito generalizado, pues la población que visita los cementerios suele ser la de mayor edad.

Al margen de las tradiciones que definen y caracterizan; cumpliéndose o no el propósito original en la sociedad actual como civilizaciones extintas, sigo observando el campo santo como la última morada para el féretro, los rituales y demostraciones de afecto los considero importantes como reconfortantes en vida, el amor, cariño, detalles, respeto, admiración y tolerancia edificará la majestuosidad de la convivencia con armonía, dicha y serenidad para el que abandona éste mundo; solos nacimos y solos nos vamos.


"LOS TE QUIERO" no se guardan, no se piensan y no se postergan, única manera de erradicar "EL HUBIERA"; las personas amadas mueren cuando dejamos de recordarlas, así mismo para sustituir y confortar la ausencia física que deja la muerte, tenemos un mundo de recuerdos únicos, incomparables e inolvidables del tiempo compartido: en vida, todo en vida, siempre en vida.



"Para que nada nos separe que nada nos una." Pablo Neruda"